Personajes Picarescos

A lo largo de mi vida profesional he topado con un montón de sinvergüenzas que, escondidos trás la etiqueta de «hombres de negocios», se dedican al noble arte del saqueo al prójimo. En ocasiones, buscan dinero. Otras veces, las habilidades que la naturaleza, que es sabia, les negó y que la víctima en cuestión  tiene, en detrimento de la lucidez suficiente como para verlos venir.

El caso es que siempre buscan la forma de salirse con la suya porque, para evitar morirse por inanición desde pequeños, desarrollaron una sutil habilidad para el engaño. Picaresca en estado puro, pero con mala base y peores resultados.

Hace ya algún tiempo que leí «El Buscón», de Quevedo, así como otras obras del género picaresco, muy famosas y paradigma de lo que se cuece en la calle de este país. La realidad es bien similar al contenido de esos libros, superándolo en algunos casos, acomodándose dentro de ciertas profesiones que, por sus características, bien permiten una incursión de la picaresca tradicional hasta sus entrañas.

Como ejemplo de todo esto, tenemos al que pagaba el trabajo de sus empleados con los ahorros que su hija tenía en la hucha, al que montó una empresa de telecomunicaciones siendo un simple comercial de tarjetas telefónicas prepago, al que, siendo conductor profesional, quería dejarlo para vivir de Internet, etc… Gente que es capaz de matar a su abuela y servirla en una bandeja, con patatas, con tal de convertirse en el alma de la fiesta. A su lado, la leyenda de Fausto y Mefistófeles se queda en un mero chascarrillo…

Si peligroso es encontrarse con uno de estos personajes, imaginaos lo que es encontrarse con los tres ejemplares que he puesto, uno detrás de otro. Gente de verborrea fácil, de timbre de voz sensato, pero con la mente más negra que el ojete de un caballo. Llegar a tener contacto con uno de ellos puede traerte problemas a medio y largo plazo. Por lo general, suelen ser ex-comerciales, ex-relaciones públicas y demás gentuza que ha aprendido a usar la palabra a base de hostias recibidas (de las que marcan la cara y de las que no). Y lo chungo es que, si fueran buenas personas, en lugar de joder al personal aprovecharían esa ventaja para ayudar, a la par que ayudarse. Es como si tienes un conocido que se va de putas, a espaldas de su señora, y luego, para rematar, se lleva a la mujer a clubes de intercambio… ¿Algo no marcha bien en su bolondro, verdad?

La verdad es que, hoy por hoy, pagan justos por pecadores. Mientras unos predican sus miserias ante un corro de palmeros entusiasmados que creen conocer al personaje, pero no a la persona (y no conocen ni a su propio padre, dicho sea de paso), otros nos limitamos a ir escribiendo, a poner contenido que puede considerarse más o menos interesante, pero que aporte algo al lector.

La picaresca de toda esa gente termina pasándoles factura, tarde o temprano. No se puede mantener la mascarada por siempre, y, sinceramente, yo prefiero vivir tranquilo, a mi ritmo, antes de tener que estar buscando un lío con el que paliar otro.

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