La Estrategia China

Últimamente, y debido a la creciente situación de desempleo y crisis, ha ido tomando nuevas formas una táctica bastante antigua, pero realmente devastadora. Pasamos a explicar la situación con un ejemplo: una empresa de cualquier tipo, que lleva haciéndole servicios a varios clientes entra en un concurso, convocado por uno de esos clientes a consecuencia de la situación de crisis, para ofertar los mismos servicios que lleva ofertando desde hace muchísimos años, pero con un precio más competitivo, ya que otras empresas entrarán en el mismo concurso e intentarán llevarse el gato al agua. El resultado debería ser que, ya que esa empresa lleva tantos años trabajando para ese cliente, el cliente continuara con ellos, pero ¡ay, amigo! uno de los contrincantes, casualmente nuevo en el sector, baja los precios hasta el límite del ridículo, incluso por debajo de los precios de coste del resto de los participantes en el concurso, y se lleva éste de calle. A posteriori, te pones a mirar con lupa al que ha tirado los precios, a ver dónde está el tongo, y resulta que encuentras que todo lo que los otros han ofertado, por debajo del precio mínimo, es tal que así, completamente correcto, lo cual no tiene sentido, porque los costes mínimos son mayores que el precio de venta final del servicio…

¿Qué puede estar pasando?

Sencillo: esto es lo que llamaríamos «La Estrategia China», y consiste en una práctica, bastante descabellada, que han adoptado empresas de nueva creación, pero con un capital bastante «viejo» a las espaldas, que tiene como fin el propiciar el cierre de las empresas de la competencia, para, a continuación, hacer una drástica subida de precios en las tarifas, de forma que lo que empezó siendo lo más barato se convierte en lo más caro, una vez vapuleados los competidores, y obligados a cerrar. De esa forma, al reducir la competencia, se amplia la cuota de mercado para, a continuación, regular sus precios, pero ahora con una amplia cartera de clientes que picaron en su momento.

Esta técnica está empezando a darse como churros en esta época de crisis, puesto que se aprovechan de la escasez de créditos bancarios, que ata de pies y manos a las empresas más serias, que se dedican a hacer su trabajo como lo han hecho siempre, y que pierden clientes al no poder ofertar por debajo de sus precios de coste, por la sencilla razón de que una empresa tiene que generar ingresos para mantenerse a sí misma y al personal que la conforma.

¿Qué se puede hacer ante esta marabunta? Se supone que la Ley protege a las empresas ante estos hechos, pero la causalidad debe ser probada. Es de suponer que, en estos tiempos en los que pedir un crédito, y que te lo concedan, es casi una fantasía, el daño que puede ocasionar la puesta en práctica de este tipo de tácticas sucias conllevará a agravar más el asunto, en lugar de a mejorarlo, porque si desaparecen las empresas, el paro aumenta. Y ya tenemos una décima parte de la población española en la calle, de la cual, casi la mitad ni cobra ya el subsidio de desempleo…

El nombre «Estrategia China» se lo he puesto porque es lo mismo que hicieron los chinos cuando empezaron a quedarse con las tiendas de comestibles: bajar los precios hasta el absurdo, de forma que los comerciantes de siempre tuvieron que cerrar, porque no tenían un capital de apoyo, como sí que tienen los chinos, y después, cuando los comerciantes de siempre cerraron o traspasaron sus negocios (a los chinos, naturalmente), éstos últimos empezaron a subir los precios. ¿El resultado? Las mismas tiendas, pero con un pestazo nauseabundo que te hace pensar que ningún inspector de Sanidad ha pasado por allí en mucho tiempo… ¿También puede ser una casualidad que los inspectores de Sanidad no pisen una tienda de comestibles china y abrasen con multas a los tenderos españoles de toda la vida? ¿Estaríamos hablando de «racismo positivo«? (Esto lo veremos en otro artículo…)

Otro ejemplo lo podemos ver en el sector de la electrónica de consumo: MierdaMarc pegó un pelotazo ante el gran público de esa forma, y sólo se mantienen colándole a uno de cada cuatro clientes un artículo no-nuevo (esto es: reparado o devuelto por otro cliente). Otra cadena de electrodomésticos, llamada Boulanger, no conseguía un ritmo de ventas tan alto como el de su competencia directa (el MierdaMarc ese), y eso que los franceses de Boulanger tienen 55 años de historia a la espalda, por lo que recurrieron a la Estrategia China y las tiendas españolas se vendieron al grupo portugués SONAE, convirtiéndose en Worten, y utilizando la imagen de Carlos Blanco, supuestamente el español más inteligente, para machacar subliminalmente el eslógan de los alemanes. Toda esa estrategia la han forjado asumiendo un cierto tiempo para conseguir su objetivo y haciendo gala de una campaña publicitaria bastante más discreta que la de los del Lidl de la electrónica de consumo. En este caso, han esperado a que los del MierdaMarc alcanzaran una cuota de mercado sólo asumible con una política de precios regular para darles el hachazo. Las únicas víctimas de esta mamarrachada son los empleados, que al fin y al cabo son los que terminan en la cola del paro, sin remisión.

Esto es un verdadero caos, y habría que actuar con mano dura. Pero los gobernantes de cartón-piedra que tenemos me da a mí que no están muy por la labor… Y que esto no nos va a sacar de la crisis, precisamente… (Bueno, a alguno sí)