La conjura de los necios

Recupero este artí­culo de mi viejo blog, porque en su dí­a me pareció muy interesante, y para mi gusto es uno de los mejores que he escrito. La fecha de publicación del mismo fue el 14 de Marzo de 2005:

«Parece mentira… Casi dos meses sin escribir… Cuando uno se mete a fondo en su trabajo suele dejar este tipo de menesteres para otros momentos.

Lo que sí­ que he comprobado es que hay bastante gente que me lee por aquí­. Yo, que en un principio hice este blog para tener unas memorias, una serie de recuerdos, a los que volver cuando quisiera; y compatirlos… Y hay amigos que me preguntan «¿Pero cómo te has atrevido a escribir tantas cosas de tu vida?»

Bueno, a todos les digo que lo que pongo sólo es lo más fuerte, lo que más impacto me causa en mi dí­a a dí­a. Mi vida, al igual que la de todos, está llena de matices, más excéntricos, menos excéntricos, más dramáticos, menos dramáticos… El caso es que TODOS tenemos momentos buenos y malos en nuestra vida. Momentos en los que nos equivocamos, momentos en los que nos sentimos orgullosos. También momentos en los que parece que fuéramos la última mierda, el ser más inútil.

Pues bien, sobre ese último estado existe una preocupación (para mí­, al menos) bastante gorda. Hay mucha gente que, por propia ceguera o por propia maldad, busca ese punto débil para hacerte daño. Esa gente que se cree con derecho a pisar a los demás (máxime si están abatidos) y que no tiene miramientos ni sentido común, por la sencilla razón de que tienen miedo de aquel al que pretenden pisar, sí­ntoma inequí­voco de que, aunque a primera vista te están pisando, realmente son ellos los que se retuercen en su vanidad.

Hay una frase de Santiago Ramón y Cajal que me gusta sobremanera: «¿No tienes enemigos? ¿Es que jamás dijiste la verdad o jamás amaste la justicia?», que bien podrí­amos acompañar de una cita de Alexis de Tocqueville: «Hay que acostumbrarse a vivir con los enemigos, ya que no a todos podemos hacerles nuestros amigos». Esto se podrí­a resumir en el contexto de la vida cotidiana, en la situación de una persona normal, que despierta simpatí­as y odios por igual.

La verdad es que a mí­ no me preocupa que se me declaren enemigos no buscados directamente, sino autoproclamados como tales por temas de envidia, estupidez o simple necedad (demasiado abundante en la población actual), sino que lo que me preocupa es el daño innecesario que determinados personajes quieren inflingir por los mismos conceptos. En España tenemos un problema muy gordo con gran parte de la población, y es que, a diferencia de en otros paí­ses, cuando aquí­ hace alguien algo bien, en lugar de apoyarlo y de ayudarle a subir (porque todo el que ayuda, sube de rebote) nos dedicamos a la mentira, a la infamia, a desacreditar a personas por puro miedo, celos, etc. Y es que todos queremos ser el mejor, y nadie es consciente de que eso no es posible. Por muy bueno que seas en algo, siempre habrá alguien que lo superará. Es mejor no comerse la cabeza y hacer tu trabajo lo mejor posible, y el que lo supere, pues genial, así­ habrá un aliciente más para despertarse con ganas al dí­a siguiente. Y, si nadie llega a superarlo: FELICIDADES, ERES EL MEJOR.

Yo lo tengo asimilado… ¿Y vosotros?»