Inconscientes al Volante

Sí, lo confieso. Hay veces que me da bastante miedo coger el coche para visitar una empresa cliente. Más que miedo, es un acojone por la actitud del personal que ostenta la dichosa tarjetita rosa, pero no por inseguridad propia, sino por hechos que te ponen la piel de gallina, como el motorista que, para tomar la siguiente salida a la derecha, se pone en el primer carril de la izquierda de la calzada, intenta hacer zig-zag entre varios coches y adelantarte brutalmente cuando tú te estás incorporando a ese carril a la velocidad adecuada, para pasar después a maldecirte mientras su moto cede, ya que el pavo no es capaz de mantenerla derecha estando parado en un semáforo, y se le cae, intentando golpear la carrocería de tu vehículo, pero como desconoce el cálculo de las distancias, sólo se desmorra más y más, e insiste en su maniobra de ir completamente a la izquierda y zig-zaguear entre los coches para terminar girando bruscamente y meterse por una calle a la derecha. Las marcas de hostias varias en la estructura de la moto nos indican que ese señor hijo de puta es ya un experto en calzarse hostias (y seguro que en provocar más de un accidente…)

Se me ponen los pelos de punta por culpa de los listos que se cuelan, en mitad de una maniobra que estás realizando y que ya tienes calculada, distancia de seguridad incluida, y, de repente, en el espacio que queda entre tu coche y el de delante, aparece un subnormal con un 206 tuneado, que se mete desde la izquierda, poniéndote el corazón en un puño y haciéndote reducir drásticamente, de 80 a 35 km/h en menos de 5 segundos, si no quieres comerte al desgraciado hijo de puta que cree que eso de la distancia de seguridad es un mito.

O cuando vas detrás de un camión, intentas adelantarlo y no puedes, porque el típico gilipollas del Audi A8, o similar, está rodando a una velocidad próxima a la del camión que intentas adelantar, pero justo a tu izquierda, momento en el cual te ves obligado a pitarle al del Audi para que eche un ojo a tu intermitente y se intente poner detrás tuya, con el único resultado de que el grandísimo hijo de puta intenta meterse entre tu coche y el camión, aún cuando no hay espacio virtual, o acelera como un desesperao e intenta hacer la pirula varios coches más adelante. He ahí el momento idóneo para meter la directa y rezar a San Benito «o te quitas o te quito«.

O cuando estás a punto de incorporarte a una autovía y una suicida, que se siente muy segura a los mandos de un C5, se sale de la fila de la incorporación, atravesando el cebreado, con unos ademanes de mujer en las rebajas y saltándose el «Ceda el Paso», provocando un frenazo masivo de los vehículos que circulan por la vía a la cual te intentas incorporar (tú y la fila de coches que llevas detrás y que también está respetando las normas de circulación) y colocándose la guarra en paralelo a tu coche, momento en el cual dan ganas de bajar raudo del vehículo, meterse en el suyo y estrangularla, de no ser porque la gilipollas reconoce su culpa y te deja meter primera e incorporarte al petado carril, mientras los que circulan por el mismo, y que la tipa lleva justo detrás, le pitan por mamarracha.

O cuando vas paralelo a un vehículo que va por tu izquierda, a una velocidad similar a la tuya, y éste te rebasa lentamente, girando rápida y súbitamente a la derecha, justo delante de tí, desconociendo el uso del intermitente e ignorando la leyenda de «la Distancia de Seguridad», para meterse en una cochera que no sabes de dónde ha salido, pero que está a punto de costarte la vida (y/o un disgusto, porque encima, por la maniobra, quien termina dando al otro eres tú, y no sé cómo andarán las culpas cuando entran en el juego las aseguradoras… )

O cuando vas con la moto, por el carril de la derecha, y ves un vehículo parado justo delante, momento en el que pones el intermitente para adelantarlo y, justo cuando estás llegando a su altura, ya incorporado en el carril correspondiente, el tio pone en marcha el coche y gira a la izquierda, donde tú te encuentras, de sopetón, para meterse en un aparcamiento en batería, sin mirar ni poner el intermitente (que te lo ves venir y te acojonas, porque vas a 50 por hora con la moto y estás demasiado cerca, demasiado cerca, demasiado… CRACK!), y te «toca» en la parte trasera de la moto, aunque consigues esquivar la mayor, y, cagándote en todos sus muertos cientos de veces seguidas, te dan ganas de parar la moto, de la cual no te has caído porque has sabido controlar el efecto de la colisión, allí mismo, bajarte con el pitón en la mano y darle en la boca hasta ablandarle los tobillos. Lo malo es que, si hacemos eso, encima seremos nosotros los culpables…

Pues bien: todo esto que acabo de contar me ha pasado en menos de 48 horas, y más que estresado estoy acojonado. Los STOPs, glorietas, incorporaciones varias… Las calles de la ciudad y las carreteras de las proximidades son un caldo de cultivo para descerebrados que se meten en el arcén de la derecha para saltarse una fila de automóviles parada forzosamente por la circulación en un cruce, y que hacen peligrar la integridad de tu vehículo cuando, por ejemplo, te intentas incorporar como un ser civilizado al carril de aceleración correspondiente y te encuentras, de súbito, al flipado que viene a toda hostia por el arcén – obviamente, le ves por los espejos retrovisores antes de incorporarte, lo que evita el hostiazo padre –  pero la simiente del terror está ahí, con una tarjetita rosa en la cartera y el convencimiento de que la seguridad al volante es sólo para pringaos, porque su tarjetita, unida a sus motacas de 450 cc. o a sus cochazos de más de 90 cv. les hacen indestructibles…

…¡Y sálvese quien pueda!

(De esto se deduce que los espejos retrovisores, los intermitentes y la consciencia no existen, sólo son fruto de la imaginación de los profesores de autoescuela y de los agentes de la Benemérita… 🙄 )