El Juego (Episodio 2)

Arturo no entiende qué está pasando. No puede usar, siquiera, su teléfono móvil, pues no hay cobertura. Está aislado y atrapado dentro de su domicilio, sin poder pedir ayuda a nadie y sin entender qué demonios ocurre, por lo que decide echarse un rato más en la cama, en la firme creencia de que todo es un mal sueño.

Arturo cierra los ojos y una sensación de tranquilidad bestial le invade, por lo que se queda profundamente dormido…


El Despertar

Una sirena, como las que se oyen en los descansos de las fábricas, despierta a Arturo repentinamente. Con sobresalto, éste se incorpora y se da cuenta de que ya no está en su habitación. Ni siquiera en su casa. Lleva puesto un uniforme gris claro, de una pieza y muy ceñido al cuerpo, con una gruesa línea azul que le rodea la cintura, y un casco de color azul en la cabeza. Al terminar de levantarse, Arturo mira a su alrededor: se encuentra en mitad de un larguísimo pasillo subterráneo, con las paredes de hormigón y luz fluorescente a lo largo de ellas, y por intervalos. Es decir, una hilera de luces que recorre todo el pasillo, pero por tramos, estando en un tramo a la izquierda y en el siguiente a la derecha. Y así sucesivamente por toda la galería. No existen recodos, es un pasillo, aparentemente, infinito. Y el eco que produce tamaña construcción al emitir un sonido es ensordecedor y preocupante.

– ¿Qué demonios es esto? – Piensa Arturo mientras tantea su vestimenta y comprueba que lleva un casco puesto.

Intenta quitarse el casco, y lo consigue, pero cuando lo hace, un estruendoso pitido llega hasta sus oídos, metiéndosele hasta el fondo del seso, provocando que el infeliz caiga al suelo, como si le hubieran dado un fuerte empujón. Intenta taparse los oídos con las manos, pero el zumbido no disminuye de intensidad. Instintivamente, decide volver a ponerse el casco, trás lo cual el pitido cesa. Desconcertado, Arturo vuelve a incorporarse y mira a ambos lados del infinito pasillo, ya que no sabe adónde ir ni qué hacer.

De repente, un ruido estremecedor, como de un animal salvaje, provoca tal sobresalto en Arturo que le hace girar la cabeza, buscando la procedencia del infernal gruñido. A su derecha, una escalofriante visión toma forma, a una distancia de unos cien metros: la cosa más horrible que jamás hubiera querido ver. Un ser, de unos 3 metros de altura, con los ojos grandes y redondos, aunque aparentemente llorosos, mandíbula prominente y dentadura poderosa y estremecedoramente mortal, con aspecto de ser una sombra despegada de la pared, se dirige hacia él, cojeando de un lado, puesto que, aunque no parece tener patas, sino levitar sobre el pasillo, se mueve con un ligero balanceo lateral, pero a gran velocidad. Arturo, inmediatamente, supo hacia qué lado no tenía que ir, por lo que salió disparado hacia la izquierda, corriendo como alma que lleva el diablo, tratando de escapar de esa criatura del averno que no se sabe por qué razón estaba allí (a decir verdad, ni él mismo se podía creer lo que le estaba pasando).

Arturo corría todo lo que podía, mientras la sombra de dientes asesinos y mirada esquizoide le seguía, cojeando, a menor velocidad, pero incansablemente, y esos gruñidos provocaban un tremendo escalofrío que recorría el espinazo de Arturo, que daba su vida ya por sentenciada…

A los veinte minutos de andar huyendo de la criatura, la cual dejaba entrever su deforme aspecto por un lado en cada tramo del pasillo, cuya iluminación hacía más tétrica, si cabe, la situación, Arturo se dejó caer, rendido, sobre una de las paredes del corredor, la cual cedió y salvó a nuestro protagonista, temporalmente, de ser masticado por la fantasmagórica forma que le perseguía. Una estancia oscura, en la que sólo podía oírse el goteo, incesante, que provenía del techo, fue el lugar donde nuestro desafortunado protagonista llegó trás ese golpe de "suerte". El ser que le perseguía pasó de largo, según se oía al otro lado del muro. Arturo se dejó caer sobre la pared, comprobando antes que el destino no se la volviera a jugar y le devolviera al pasillo. Exhausto, empezó a pensar en su situación, aunque no tuvo demasiado tiempo para ello…

(CONTINUARÁ)