El Juego (Episodio 1)

Amanece un día como otro cualquiera en la ciudad. Arturo es un oficinista cumplidor en su trabajo, puntual en los horarios y responsable de su casa, pues vive solo desde que su novia, Sonia, desapareció un buen día sin dejar rastro.

Como todos los días, a las 7h15 suena el despertador, y entre murmullos maldiciendo al que inventó los horarios, y bostezos, nuestro protagonista se dispone a emprender una nueva jornada laboral. Con pocas ganas de hacer nada, Arturo se levanta de la cama con la sana intención de asearse, tanto por dentro como por fuera. Vacía las tripas, se ducha, se viste y se dirige a la cocina para prepararse unas tostadas, pero algo es diferente al resto de los días. Con pavor, se da cuenta de que todo su entorno está insonorizado, como si estuviera dentro de una cabina de grabación de un estudio de sonido. Esa terrible sensación, el ruido del silencio, se apodera de él. Corre a encender el televisor, pero no funciona. La radio tampoco. Su ordenador ha perdido la conexión a Internet, por lo que el messenger no consigue conectar y Arturo no puede hablar con ninguno de sus contactos…

Arturo se encuentra tremendamente confuso. Algo pasa. Cree que está soñando y toca, con la mano, la resistencia del tostador. Se quema y pega un alarido tal que tiene la impresión de que ha sido escuchado en la otra punta de la ciudad. Se dirige al aseo, donde tiene el botiquín, para ponerse un poco de pomada en la quemadura y protegerse la zona con un vendaje, trás lo cual encamina sus pasos a la puerta de la vivienda, para salir e ir al trabajo, pero ésta no se abre…

Desesperado, Arturo abre el ventanal que da a la terraza de su apartamento y se asoma al exterior. Todo parece normal: los coches abarrotan la gigantesca avenida en la que se encuentra su edificio, la gente está saliendo de sus casas, para ir a trabajar y a dejar a los niños en el colegio, pues hay varios padres que llevan a sus hijos con la mochila y el uniforme escolar, así como varios autobuses están esperando a los críos a lo largo de la gran avenida. Arturo está conmocionado, porque, además, pasa algo raro: tampoco se oyen los ruidos propios de una calle abarrotada. A decir verdad, no se oye nada de nada. No sopla el viento, no se oye el trino de ningún ave… Vuelve a entrar en el salón, desconcertado y lloroso, y cierra la cristalera. Descuelga el teléfono y sigue sin oir nada. Se dirige a la puerta de entrada y tampoco puede abrirla. Desesperado, se sienta al borde de la cama, sollozando. Algo tétrico pasa. Algo que no se podría imaginar ni en sus peores pesadillas…

En la cocina, un calendario marca la fecha del día: 13 de Agosto de 2010.

(CONTINUARÁ)