El Cerebro Humano Vs. El Ordenador

CerebroAcabo de ver, en un programa de Televisión, como el famoso divulgador científico Eduard Punset exponía su teoría, respaldada por la opinión de varios neurocirujanos, de que la diferenciación de las personas está en su cerebro, en el recorrido que haya efectuado el mismo a lo largo de la vida de todo el individuo, y que el «alma», como concepto, queda a un lado, no apartado totalmente, sino disuelto entre las varias funciones cerebrales que podrían representarla. Así pues, nos ha hablado del proceso que tienen, cerebralmente, varias enfermedades, como la depresión o el alzheimer. Nos ha hablado del amor como una necesidad primaria para sobrevivir, etc.

ProcesadorTrás el programa me he puesto a pensar un poco en las similitudes que tenemos con un ordenador, y me ha parecido interesante exponer una teoría algo controvertida, que podría llegar a plantear un debate, cuando menos, curioso, que espero no levante ampollas ni dispare alarmas de ningún tipo: Similitudes entre el ser humano y los ordenadores.

Parece descabellado (máxime si usted, querido lector, es «creyente») comparar la forma de interactuar de una máquina con todo lo que parece ser el Hombre, con sus defectos y sus virtudes, pero es que es así. Somos lo que mamamos desde pequeños y lo que nos inculca el entorno en el que nos encontramos, más lo que nos viene dado por la Herencia Genética, que vendría a ser nuestro «Sistema Operativo», con los controladores de dispositivos y la base de las funciones en perfecto estado. Una forma curiosa de describir la Herencia Genética, pero bastante acertada, si hacemos las comparaciones sin tener en cuenta más que la funcionalidad del cerebro.

Disco DuroA lo largo de nuestra vida vamos acumulando experiencia, que podría compararse con los diferentes archivos y programas que tenemos en el ordenador. Dicha experiencia es la que nos hace diferenciarnos los unos de los otros, al igual que dos ordenadores, con los mismos componentes, se diferencian, principalmente, en los ficheros que haya en su disco duro. Puede ser que estemos empezando a definir el «alma» 🙄

Describir emociones como programas de adaptación a las situaciones que nuestro cerebro procesa, o como programas de supervivencia; enfermedades como consecuencia de entornos inadecuados para el tipo de cerebro de una persona en concreto… Incluso emociones que realmente creíamos que no tenían nada que ver con la Ciencia, como el Amor, resulta que son reacciones químicas. Pero esto es sólo el principio. Ahora empieza la comparativa:

  1. Cuando un ordenador trae algún componente defectuoso, podemos establecer una similitud con la persona que trae alguna «tara» de nacimiento, por ejemplo, una tarjeta de sonido integrada en placa que no funciona sería lo mismo que una persona sorda de nacimiento, sólo que la solución, en el caso del ordenador, es más simple: pones una tarjeta nueva o cambias la placa. El equivalente «humano» podría ser: metes unos sensores nuevos o cambias el trozo de cerebro defectuoso. Aunque lo de los «cambios cerebrales» aún no es posible, pero quizás sí la regeneración de la zona del cerebro afectada mediante células madre. Diferente mecánica, en apariencia, pero por la manía que tuvo la Naturaleza de arrejuntarlo todo en el mismo sitio, así lo tenemos de «arrugao» (me refiero al cerebro…)

     

  2. Un ser humano con una deficiencia mental es como un ordenador con el disco duro en mal estado (de hecho, este último simil lo he escuchado en más de una ocasión referido a alguna persona que no «carbura» bien.) Enfermedades como el Alzheimer (pérdida de datos), la Depresión (malfuncionamiento del sistema por alguna causa inducida, como algún programa al que le falta algún componente), Autismo (pérdida de la conexión de Red o error general en el controlador de periféricos), etc.

     

  3. Las taras y enfermedades físicas no tienen la misma repercusión en el ser humano que en los ordenadores, porque éstos no son biológicos (aún, porque ya hay algo en proyecto por ahí), pero tienes, por ejemplo, los ataques al corazón (deja de funcionar la ventilación del procesador, se sobrecalienta y le da un «yuyu»), la sordera a cierta edad (se rompe la tarjeta de sonido), la disminución de la visión (jodienda progresiva de la tarjeta gráfica)

Y como éstos, un montón de ejemplos más, que podríamos estar enumerando mucho tiempo. No obstante, es obvio que la complejidad de un cerebro humano es muy superior a la de una máquina creada por el hombre, pero los diferentes estudios que la Ciencia está realizando, junto con un entendimiento básico de cómo funciona ese pedazo de máquina que tenemos sobre los hombros, nos ayudará a comprender más nuestras posibilidades, y que tenemos el control total en numerosas situaciones, aunque muchos lo vean imposible.

Vamos a echarle un vistazo ahora a la «armadura» que protege el órgano más importante del ser humano, porque hay algunos detalles que son muy interesantes:

Cráneo vista perfil

El Cráneo es la estructura ósea más compleja de los seres humanos,
y es el «cofre»  donde se encuentra, muy protegido, el cerebro.

El cráneo sorprende y atrae, aparte de por su complejidad, por la curiosa coincidencia de que es la única estructura ósea corporal que protege un órgano al 100%. La asombrosa complejidad de la estructura de huesos, cartílagos, etc, es una información genética brutal, que se va perfeccionando con los años (lo que llamamos «evolución») y que nos está permitiendo ser cada vez más fuertes, resistentes, inteligentes, guapetones…  

No existe ningún órgano más en el cuerpo humano que tenga una protección similar, a excepción de la Médula Ósea, que sería equivalente al bus de datos. Otra comparación, cuando menos, sorprendente.

Lo que somos ahora es el resultado de la constante evolución de una especie con más de 12000 años. Si tenemos en cuenta que, desde hace menos de 100 años estamos experimentando mejoras físicas notables en las generaciones posteriores (más altos, más fuertes…), aunque mejoras psicológicas casi, casi negativas (mayor adicción a drogas y alcohol que antaño, o eso nos parece), imaginen lo que habrá podido cambiar nuestra fisionomía en 12000 años de constante evolución (aunque la evolución hasta la definición de lo que hoy conocemos como «Humano» se remonta a más de 40 millones de años, por lo que hay «telita» que cortar…) Joder, en 40 millones de años hasta yo sería capaz de hacer algo bien… 😆

Sería bueno tener en cuenta que la máquina que somos tiene una antigüedad y una calidad contrastada, y, aunque sólo fuera por respeto a los que somos (que muchos no son capaces de valorarlo, sencillamente porque no lo entienden), mejoraríamos mucho en actitud sabiendo que todo el universo que nos rodea está dentro de nosotros, que lo construimos poco a poco y que, cuando se desmorona (a causa de cambios brutales en el mismo), pueden producirse lesiones cerebrales que, como no seas muy consciente de lo que está pasando («tengas el antivirus actualizado») te puedes cagar por las patas p’abajo, que no vas a arreglar nada. Muchas personas entienden esa destrucción brutal de su «mundo» como un final inesperado a todo lo que conocen. El miedo les puede, la inconsciencia se apodera de ellos, y su reacción a todo eso puede traducirse en la más fatal de las consecuencias (suicidio, asesinato por despecho, etc…) Todo eso se podría controlar con una inhibición química de las emociones, y la neurología es lo más próximo que disponen estas personas al respecto, puesto que los neurólogos trabajan comprobando los problemas de «hardware» para ver si son la causa del malfuncionamiento de las «aplicaciones», dejándoles a los psiquiatras las labores de «reconfiguración del software», si fuera necesario.

Como añadido a este artículo, recomiendo leer el escrito por mi amigo Francisco Monteagudo, titulado «Darwin y la Informática«.