Precariedad Laboral para los Programadores

Llevo desde 1995 metido en Internet. Empecé, como muchos por aquella época, pagándole a proveedores (en mi caso, ARRAKIS) un coste de conexión, cuando ésta se hacía por módem y a un número de teléfono establecido (el famoso 055 que te permitía entrar en Infovía). Por aquella época, los que hacíamos algun trabajillo de programación en Internet éramos considerados "bichos raros", y estaban de moda (para programar bajo Windows) los lenguajes "visuales" de Microsoft, como Visual Basic, Visual C++ o uno que duró poco en el mercado: Visual J++. La programación en Linux existía, pero aún eran más raros los que se dedicaban al asunto (yo entré en contacto con Linux a través de Debian, en 1998)

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Los cojones de Mahoma

Esta semana ha sido un tanto estrambótica con la dichosa noticia de la caricatura de Mahoma, un personaje que, según la leyenda, es el creador de los preceptos religiosos del pueblo musulmán.

Los historiadores nos cuentan que Mahoma nació en el año 571, en La Meca. Perteneciente a la tribu de los Quraish se dedicó al oficio de mercader, viajando durante toda su vida. Pegó un braguetazo con una viuda rica 20 años mayor que él, llamada Jadiya, y tuvo cuatro hijas y algunos hijos, que no llegaron a adultos. Con 40 años hizo correr en la población el rumor de que se le habí­a aparecido el arcángel Gabriel. Describió esta visita como un mandato para memorizar y recitar los versos enviados por Dios que posteriormente fueron escritos en el Corán. El arcángel Gabriel le indicó que habí­a sido elegido como el último de los profetas y como tal predicó la palabra de Dios sobre la base de un estricto monoteí­smo, prediciendo el Dí­a del Juicio Final.

Está reconocido por los más fieles musulmanes que Mahoma era ummi (analfabeto), lo que autentificarí­a más (según ellos) el libro sagrado musulmán (El Corán). Pero dicho libro se escribió a la muerte del profeta, ya que sus sucesores vieron la necesidad de plasmar sus palabras por escrito, debido a la primordial importancia de conservar el mensaje original en toda su pureza, sin el menor cambio ni de fondo ni de forma (como «La Biblia» en la Edad Media, que tampoco se cambió según los intereses eclesiásticos de la época…) Para ello emplearon materiales como las escápulas de camello, sobre las que grababan los versí­culos del Corán. Si tenemos en cuenta este detalle, y el hecho de que un mensaje cualquiera, transmitido de oido a oido, al llegar al tercer oyente ha cambiado casi por completo con respecto a lo que inicialmente se expuso, podemos llegar a la conclusión de que estamos utilizando una base con credibilidad para imponer lo que a nosotros nos parece, manipulando el contenido según la conveniencia.

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